El caso es que esta fotografía, fue la ganadora del premio Pulitzer en 1994. Como veis, se trata de la imagen de una niña moribunda, seguida por un buitre, que espera su muerte. La niña se arrastraba hasta un campamento que estaba a un kilómetro de distancia. La impotencia que desprende la imagen es desoladora, un cuerpecito sin fuerzas, solitario en medio de la nada, de otro mundo (no creo que ninguno de los que estamos leyendo esto podamos entender esa situación y asimilarla como real), y la imagen tranquila, indiferente y silenciosa de un carroñero acechando, totalmente ignorante del papel que le damos.
No sé qué ocurrió con la niña, la historia que más aparece en todos lados es que el motivo del suicidio de Carter, tres o cuatro meses después de ganar el premio, fue debido a una depresión, por limitarse a tomar la foto y no socorrerla, existe una frase que él mismo dijo tras ser premiado " “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”. Pero en la Wikipedia, dan otra versión, que estuvo esperando 20 minutos a que el buitre abriera las alas para hacer otra toma y luego ayudó a la pequeña.
En realidad da igual qué historia es la verdadera para lo que me apetece hablar.
Como esta foto, tenemos mil, y de ninguna sabemos el final de los protagonistas. ¿Hasta dónde llega el trabajo de un fotoperiodista? ¿Hasta dónde el de los medios de comunicación? Nos bombardean con imágenes crueles sin ninguna reflexión sobre cómo asimilarlas, de hecho la información que recibimos está filtrada por las empresas que financian esos medios, pagan los sueldos de los reporteros, los presentadores y los fotógrafos, que tendrán su contrato con sus cláusulas para trabajar en dicha empresa. Los temas son elegidos por su sensacionalismo, por su violencia o cercanía, para que la gente se quede de piedra (uff, qué terrible) delante de las pantallas y se trague todo lo que ve. En algunos casos, la gente reacciona durante un tiempo, e incluso por temas bastantes normales, como en el caso de la muerte súbita de ese jugador del Sevilla, que por un claro caso de manipulación mediática (una muerte en directo, un chico joven con familia, FUTBOL...), emocionó a tanta gente y nos tuvo distraídos unos días. De toda la vida se han muerto deportistas y nadie se ha alarmado tanto. El tema ya se ha olvidado. Ocurren miles de injusticias al día que son olvidadas, que directamente ni aparecen en los medios oficiales porque "no interesan", y si aparecen , lo hacen de manera que los espectadores se estremezcan un momento, llevando la atención al dolor o al sufrimiento, no a las verdaderas causas que lo provocan. Y en el imaginario emocional colectivo tenemos muchas instantáneas de "lo mal que va el mundo", como esta foto, y nos sentimos informados y conocedores de la realidad de las cosas; y lo mezclamos con un poco de culpa a ratos, un poco de indiferencia a ratos, y un poco de rabia, a ratos. Pero solo un poco, eh? sin pasarse ni deprimirse. Ojo, no pretendo hacer una crítica a la pasividad del personal (que con gusto la haría, que bien me conozco, y me incluiría a mí misma dentro de ese personal), la cosa va más dirigida a los que nos informan, o mejor dicho, a los que nos desinforman descaradamente a diario. Y supongo que ahí está la clave, en la desinformación de los temas que afectan la vida y el bienestar de otros individuos, incluso la desinformación y manipulación de temas que nos afectan a nosotros mismos (sí, tengo en la mente el mito de la leche de vacas -felices- que nos hace crecer hasta el infinito y nos mantiene sanos, por decir alguno). Da mucho asco, ¿no sentís lo mismo?
Y es una auténtica pena que no tengamos más herramientas para enfrentarnos a imágenes como la de Kevin Carter más allá de nuestras emociones (que son pasajeras y cambiantes), porque dos segundos después nos pondrán un anuncio publicitario de un Ipod nuevo que nos va a emocionar igual, o de unos pañales, de un coche o una bebida. Yo personalmente intento trabajar mi "sistema emocional" porque me juega muy malas pasadas, quizás ahora me paro a pensar antes de indignarme, alegrarme o estremecerme ante una noticia o un anuncio con las ofertas de Carrefour, pero... de verdad que cuando me dejo llevar soy "una flipada", que os cuenten los que me conocen.

